Durante un rato estuvieron sentados en el salón, con Diana tratando de mantener un mínimo de cortesía en las conversaciones entre los hermanos. Pero Harry veía que la animosidad entre los tres mayores no era algo que fuese a solventarse en una sola noche. Julius, por su parte, no parecía interesado en las riñas familiares y apenas participaba en la discusión. En vez de ello, para consternación de Harry, se pasaba la mayor parte del tiempo mirándole. Cada vez que el chico alzaba la vista se encontraba esos ojos oscuros contemplándole de forma especulativa, casi hambrienta. Le hacía sentir tremendamente incómodo.
Tal y como le había advertido Severus, Claudius, Marcellus, Delphina y Julliana encontraron la ocasión de hablar a solas con Harry, preguntándole sus planes para la Mansión Snape. Las dos mujeres le ofrecieron amablemente redecorarla para él, mientras que los dos hombres señalaron la importancia de tener un hogar apropiado a su estatus para las reuniones con dignatarios encumbrados. Harry les sonrió y les dijo de hablar el tema con Severus, ya que estaba demasiado ocupado con sus estudios para preocuparse por esos temas. Todos parecieron decepcionados, pero no disuadidos.